Una Relación llena de Veneno… y su Antídoto

Cryndigo Scream

El día comenzaba con el sol y en la casa de ellos, las discusiones comenzaban también. Para Lilian, su himno era una vieja canción que reza: “No vale nada la vida. La vida no vale nada. Comienza siempre llorando y así, llorando se acaba”, la conocía por su madre, quien por años, muchos años, enfrascó su matrimonio en una relación llena de veneno. Tóxica, como las han bautizado los psicólogos modernos. Y que son venenosas, porque a la larga matan. Pero lo peor es que matan en vida.

Raúl, su esposo un guapo narciso que nunca creció y que por ser guapo –según lo estándares de la sociedad- ella le permitía todo. Al fin y al cabo era su trofeo desde los años de secundaria y ya en la preparatoria, él la embarazó. Ahora a la edad de treinta, Lilian tenía rota su confianza, su autoestima, su futuro y dos hijos –niña y niño- que le recordaban lo brutal que es la vida cuando no se está preparado para vivirla. Raúl nunca estuvo con ella en ninguno de los partos, pues su trabajo –decía él- no se lo permitía. Sus ausencias de la casa eran cotidianas. Los amigos, el alcohol, la mariguana, la fiesta y muchas amigas. Muchas.

Salía  de casa a trabajar al mediodía  y regresaba pasada la una de la madrugada. Siempre había “horas extras” en su trabajo como empleado en la bodega de un gran almacén. Lilian sabia de sus infidelidades. Por ello al llegar Raúl a casa, ella fingía dormir y a altas horas de la madrugada, revisaba sus bolsillos, olía la ropa en búsqueda del olor de otra mujer. Intentaba meterse al celular de él, pero Raúl cambia cada día la contraseña y eso enervaba a Lilian y era el mejor pretexto para detonar las discusiones por la mañana. Ella estaba celosa. Muy celosa. Pero él la calmaba con una pequeña dosis de sexo, después de llevar a los niños a la escuela. Así, Lilian recorría una montaña rusa de emociones todos los días. Por más de quince años. Tal y como su madre lo había hecho con su padre cuando ella era niña. El mismo patrón de conducta.

Lilian tenía en Alma a su mejor amiga y su paño de lágrimas. Fué hasta que Raúl embarazó a Alma, que Lilian decidió dejarlo no antes de que él se hincara, llorara y al ver que no daban resultados sus argumentos, la golpeara y le reclamara que ella tenía la culpa de que él hubiera embarazado a Alma por haberla dejado entrar a la casa. “Quién te manda meter a mujeres más guapas que tú. Tú me pusiste la tentación”, le gritó él cuando ella con una maleta, dos hijos y la vida destrozada se fue del departamento esa mañana.

Lilian quería vengarse y en el camino recordó como poco a poco Raúl la separó de su familia, sus amigos, de todo lo que ella quería. Le culpaba de todo y, lo peor, es que la hacia sentir responsable y culpable. Nunca lograba complacerle. Siempre tenía un reproche y aún así le quería. Muchas veces intentó dejarle. Entonces, cuando él intuía que iba a ser definitivo, cambiaba, volvía a ser el hombre que conoció y del que se enamoró, confiando nuevamente en él. Vivía siempre con la esperanza de que volvieran aquellos tiempos del principio. Raúl, engañaba continuamente, mentía incansablemente, cuando ella se daba cuenta de sus mentiras daba unas explicaciones absolutamente irracionales. Les hacía sufrir a ella y a sus hijos con tantas peleas . Siempre vivía en la inseguridad, intentando hacerle feliz. El muchas veces era frío, distante y extremadamente cruel. Ante los demás era encantador. Siempre le dejaba en ridículo si así podía, intentando mostrar cómo ella era la mala de la relación.

En eso cavilaba sobre su futuro. Se dirigía a la estación de autobuses, iría con su hermana Bárbara a Salamanca. Y al pasar por un establecimiento, escuchó: “No vale nada la vida. La vida no vale nada…” y paró en seco. Volteó a su alrededor y se dio cuenta del azul del cielo, del canto de los pájaros, de la amabilidad de las personas, de la tenue brisa que acariciaba su rostro; entendió en ese momento que el poder de renacer estaba en ella. De que había tres buenas razones para vivir: ella y sus dos hijos. Que la relación más importante era consigo misma. Un pensamiento le asaltó en ese instante: “La vida si vale y mucho”. Especialmente a partir de ese momento en que encontró la fuerza para abandonarlo y bendijo a Alma.

Como atraída por un imán, giró lentamente la cabeza y topo con el encabezado de un anuncio espectacular que decía: “¡Sé Feliz en esta temporada… la mejor venganza es tu vida plenamente vivida! ¡Vente a la playa!

Y Lilian siguió su camino. De pronto como de magia, encontró el antídoto al veneno de su relación, en ese anuncio de una agencia de viajes.

©Cryndigo 2017. Todos los Derechos Reservados.

 

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