¡Suficiente! ¡Suficiente! ¡Suficiente!…

Cryndigo Dove

Hay momentos en la vida que nuestro corazón grita -¡Suficiente!. Que la relación que tenemos con nuestra pareja es simplemente un cadáver al que se quiere resucitar con todo, menos con Amor.

Cuando dos corazones ya no sienten, el vínculo por mucho o poco que haya durado, admitámoslo, ya no existe. Ya no se vibra a la misma frecuencia, los intereses dejaron de ser mutuos y ahora se reconocen como dos extraños, inservibles ambos, para la evolución del otro. Para la evolución mutua. Es difícil entender que el Amor a veces dure tan poco cuando al inicio prometía ser para toda la vida. Nada es eterno a excepción del cambio y la eternidad.

Al momento de entender y experimentar que aquello que sentíamos por alguien ya no existe, debemos de armarnos de valor y gritarnos hasta lo más profundo de nuestro ser: ¡Suficiente. Hasta aquí!

No hay nada más grotesco que pasear los restos, el cadáver del Amor cuando éste ya debería estar bien enterrado.

Sea por la costumbre, por querer jugar al gato y al ratón, por algún interés oculto, por venganza o por cinismo de alguno de los dos o de los dos componentes de la pareja, tenemos que entregarle los restos de lo que fue nuestra relación, al tiempo. Ese que todo lo sana. Porque es el tiempo el que nos deja ver cosas buenas de lo que vivimos y a veces podemos sorprendernos de lo bueno que fueron. Pero debemos dejar ese espacio para realmente valorar lo que hoy no podemos ver y que a final de cuentas nos hace crecer como personas y que enfrascados en discusiones, reclamos, quejas, infidelidades, peleas y desinterés, no nos percatamos de ellas.

Toda persona que pasa por nuestras vidas, son maestros y alumnos a la vez. Los encontramos en este plano para resolver situaciones que buenas o malas –según se vea- nos dejan herramientas para aplicarlas aquí y ahora, que es el único instante donde construiremos nuestra felicidad, a final de cuentas, la única misión que nos impone la existencia.

Cuando decimos ¡suficiente! y nos alejamos para siempre de aquella persona que alguna vez amamos y nos amó, duele. Pero es más doloroso vivir como muertos en vida, sabiendo que en esa persona y en nosotros mismos hay tantas cosas buenas para dar: creatividad, pasión, deseo, complicidad, agradecimiento, tiempo de calidad… Amor. Pero ya no se siente el impulso para abrir las alas a la vida y entregarse totalmente el uno al otro de forma incondicional. Porque eso es la energía amorosa, una entrega apasionada e incondicional para poder evolucionar en este plano. Cuando ya no se aceptan el uno al otro, es de sabios poner un alto en el camino, antes de que la resignación aparezca, antes de que nuestras máscaras se peguen más al rostro. Antes de que por vergüenza callada, nos avergoncemos de nosotros mismos. Antes de que el barril de pólvora explote y embarremos nuestra vida de mierda tóxica.

Las relaciones no son juego. Son un laboratorio de la existencia pero lo contaminamos con ego, porque vivimos dentro de una mente llena de ego, donde prevalece la guerra donde  uno de los dos tiene que ganar para que el otro pierda. Así, el rencor y muchas veces el odio, vencen a la comunicación y al diálogo, dando paso a la guerra de malentendidos, expectativas, la incongruencia y el sufrimiento

No se puede tener éxito como pareja si no hay sinceridad, si no hay congruencia y si no hay entrega. -Escucha al corazón, déjate guiar por el- es lo que nos han repetido hasta la saciedad mentes brillantes de estos tiempos y de otros también. Y si nuestro corazón clama un ¡suficiente!, es señal de que por lo menos, ahora, nuestra relación ya terminó. Nos guste o no. Nunca se sabe que pueda pasar más adelante. Nadie se puede separar de nadie, porque a final de cuentas, todos estamos unidos con todos, porque todos somos uno. El Amor no termina no se acaba. Solo cambia de domicilio. Aunque a veces nos abrume la mudanza. ¡Suficiente!

© Cryndigo 2017. Todos los Derechos Reservados.

 

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