¿Has visto alguna vez a la Virgen llevarse a todos en la lluvia?

La Virgen Maria

 

 

Reasoned verse some prose or rhyme
Lose themselves in other times
And waiting hopes cast silent spells
That speak in clouded clues
It cannot be a part of me
For now it’s part of you

Mike Nesmith

Siete de la mañana, la escuela llamaba. Por la tarde había que entrenar con sus pequeños amigos del equipo de futbol. En la colonial ciudad no llovía en meses, la presa de la Esperanza, no tenía mucha esperanza de llenarse si no caía un buen chubasco.

Se calzó contento los zapatos que compró un día antes. Trabajaba en el merendero que su madre tenía en la plaza de Los Ángeles. Muchos estudiantes comían ahí.

Tomó la mochila después de un frugal desayuno salió de casa, bajó corriendo por la pendiente. En el café del “gordo” Dorado, sonaba “Tapioca Tundra”, una de sus canciones favoritas ese verano.

Al pasar por la basílica en la Plaza de la Paz, se dio cuenta del bullicio.La multitud se agolpaba a la puerta del templo. El párroco anunció que por la tarde la imagen de la Virgen María recorrería la ciudad para llevarla a la presa. Los viejos, coincidan en que esa virgen era muy milagrosa. Esta vez no podía fallar, las reservas eran pocas. Las cosechas estaban a punto de perderse.

La escuela pasó pronto. En el recreo charló con Chucho y Felipe Patlán, dos de sus más queridos amigos. Platicaban del entrenamiento por la tarde, en el campo de Noria Alta. Espinoza, su compañero de aventuras, le pidió no entrenar esa tarde. Le tendría una sorpresa. -Te vas a acordar de ella toda tu vida- le dijo.

Fue puntual a la cita con su equipo. En la presa había misa con la Virgen. El cielo era claro. En el campo quince niños y su entrenador, el “Chino” se vestían como futbolistas.

Apareció Espinoza con la sorpresa en sus manos: un snorkel. -Por si llueve-  susurró. El cielo tronó en ese instante. Ambos rieron. Dejó de calzarse los zapatos. Se acercó al entrenador y pidió permiso de no participar ese día. El cielo rugió. El permiso fue concedido a la vez que el cielo se desgajaba. Enormes gotas, como nunca las había visto, caían creando el pandemonio. En cuestión de minutos, aquello fue tormenta. Todos recogieron sus cosas. No hubo entrenamiento. Catorce niños y el entrenador bajaron corriendo. En la carretera encontraron aventón. Todos se apiñaron en la parte trasera de un pick up. Los dos cómplices, él y Espinoza, se apartaron del grupo y tomaron su camino.

El agua corría brutalmente y bajaba con rapidez por todos lados. Los amigos empapados hasta los huesos, llegaron riendo a casa de Espinoza, cerca del Callejón del Beso. La ciudad inundada. El agua arrastraba animales, autos, camiones, muebles y entre ellos, a catorce niños futbolistas y su entrenador, “el Chino”.

Los encontraron días después, entre el lodo y los escombros. Sus restos, tuvieron misa de cuerpo presente en la misma Basílica, de donde salió la Virgen para realizar el milagro de la lluvia. Ese día, durante el culto, los ojos acusadores de los dolientes dirigían su mirada al sobreviviente del equipo. -Te vas a acordar de ella toda tu vida- sonaban aun las palabras de su amigo Espinoza. -¿Porque tú?- le reclamó en un grito, alguien que lloraba.

Nota: Este artículo debe experimentarse con la musica correspondiente.

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