Be my Babe… Noviembre 8

cryndigo fantasma

El pequeño se revuelve entre las sábanas, frías. Sabe que está por llegar la hora en que ellos aparecen o emergen de otra dimensión. Los únicos compañeros a la mano, dos radios de transistores con pila nueva, sintonizados en una estación de San Antonio: WOAI.

El idioma es lo de menos. Ahuyenta al miedo. Lo que escucha en esas pequeñas bocinas, es la frontera entre la vida y la locura.

Siente las presencias, se mueven junto con las sombras.

Afuera del cuarto, los cientos de pájaros que abuela tiene en jaulas, se agitan.

Una mano fría, recorre la cara del niño. Siente el cuerpo sudar. Caliente.

La presencia no es amistosa. Viene acompañado de varias más.

La oscuridad se puede cortar con machete. Es densa. Brutal. Hay dos más situados al otro lado de la cabecera, tocan sus pies.

Aunque son muchos hermanos, todos tienen el sueño pesado. El que esta al lado de la cama con él, no es la excepción. El único con sueño ligero es el pequeño.

Prende los radios, los coloca con extrema precisión, la señal de San Antonio va y viene. Se pierde en la inmensidad de las ondas hertzianas. Mueve el dial, sudando y orando. “KYA from San Francisco”, salta de las bocinas. “And now… The Doors: Run With Me”, dice el locutor, el miedo del niño lo traduce con valor. Su cerebro sabe el idioma.

Lo tiran de la cama. Son varios. Son muchos, él lo sabe.

La casa en la que habita es enorme. En alguna época fue parte de la iglesia, donde el reloj hace sonar sus campanadas cada quince minutos, desde hace cientos de años.

Hay una ruta de salvación: la escalera con cuarenta y un peldaños que da a la azotea. Literalmente al cielo.

“WOAI, from San Antonio and now… The Ronettes and Be my Babe, produced by Phil Spector and his wall of sound…” se escucha claramente. Mágico el sonido. Un radio en cada oído. El corazón latiendo a todo lo que da. Hay que cruzar un patio de más de sesenta metros en medio de la oscuridad, la puerta tiene un seguro de aldaba, Las Ronettes le dan el valor:

“The night we met I knew I needed you so
And if I had the chance I’d never let you go
So won’t you say you love me,
I’ll make you so proud of me.
We’ll make ‘em turn their heads every place we go

So won’t you, please, be my be my baby
Be my little. baby my one and only baby”….

Cruza en medio de ellos, abre la puerta con presición, corre, corre, corre… uno dos tres, cuatro… cuarenta y un peldaños. La azotea. ¡El cielo! ¡Las estrellas… las constelaciones!

¡A salvo una noche más! Se cobija con una gruesa frazada. El frío es calor. La WOAI se escucha claramente en sus dos pequeños radios de transistores. Mañana habrá otras canciones. Por ahora: Be my Babe… The Ronettes.

Nota: Este artículo debe experimentarse con la musica correspondiente.

 

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